sábado 17 de diciembre de 2011

A veces, cuando me miro al espejo, me quedo un poco inconforme. No por lo que veo, sino por lo que he dejado de ver. A veces, cuando pienso en las cosas que hacia y en las que ahora hago, me doy cuenta de que me  ha dejado de gustar una ifinidad de cosas que antes disfrutba ampliamente, he dejado de aprobar cosas que antes me parecian correctas y, ciertamente, he dejado de lado muchos gustos y aficiones. 
En fin, que cuando pienso en mi, me doy cuenta que he dejado de reconocerme. Evidentemente tenía que cambiar, pero no me di cuenta de cuando pasó.

Y luego el pasado, esa parte del pasado, se plantó frente a mi. Me dijo "piensa en lo que hubiera sido si lo que más te cambio no hubiera pasado",  me dijo "si hubiera la oportunidad de saberlo, vuelve a mi".
Y si volteaba hacia atrás, podía verlo a él. Con los brazos extendidos, mostrando un futuro o muy malo o muy bueno. Pero ese retrato era de cristal. Por qué, independentemente de todo, ese "hubiera"no era para mi. Ese "hubiera" se me negó cuando "eso" pasó, y si no hubiera pasado lo podría haber abrazado, pero pasó. Y entonces yo ya no soy la misma que anhela los "hubiera".

Pero eso ya murio, y darme cuenta de nuevo, de lo muerto que esta algo que fue tan grande es reafirmar donde estoy, aunque no sepa a donde vaya.

1 comentarios:

Giorgia Napoletano

Sayaka Murayama